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Fredric Brown
Garn Roberts,
también conocido - aunque sólo para los altos oficiales de la Federación
Galáctica - como agente secreto K-1356, dormía en una astronave para un solo
tripulante que viajaba a catorce años luz por hora en control automático a
doscientos seis años luz de la Tierra. Un timbrazo le despertó repentinamente.
Se apresuró a llegar al Telecom y lo encendió. La cara de Daunen Brand,
ayudante especial del Presidente de la Federación, ocupó la pantalla y la voz
de Brand llegó hasta él por el altavoz.
- K-1356, tengo
un mensaje para usted. ¿Conoce el sol llamado Novra, en la constelación...?
- Sí - dijo
Roberts rápidamente; la comunicación a aquella distancia consumía mucha
energía, y quería ahorrarle al ayudante especial todo el tiempo que pudiera.
- Bien. ¿Conoce
su sistema planetario?
- Nunca he
estado allí. Sé que Novra tiene dos planetas habitables, eso es todo.
- Correcto. El
planeta interior está habitado por una raza humanoide, no muy distinta de
nosotros. En el planeta exterior vive una raza muy semejante a los caballos
terrestres, solo que cuentan con un tercer par de patas rematadas en manos, lo
que les capacita para alcanzar un cierto grado de civilización. El nombre que
se dan a si mismos es impronunciable para los terrestres, de modo que los
llamamos, sencillamente, caballos. Saben lo que quiere decir el nombre, pero no
les importa; no son muy sensibles a esas cosas.
- Sí, señor -
replicó Roberts. Brand hizo una pausa.
- Ambas razas
conocen el viaje espacial, aunque no tienen motores más rápidos que la luz.
Entre los dos planetas - puede buscar sus nombres y sus coordenadas en la guía
estelar - hay un cinturón de asteroides semejantes al de nuestro sistema solar,
pero mucho más ancho: Es lo que queda de la destrucción de un gran planeta que
alguna vez orbitó entre los dos mundos habitados. Ninguno de los dos planetas
contiene metales; los asteroides, por el contrario, son muy ricos y constituyen
la fuente principal de abastecimiento de ambos mundos. Hace cien años que
pelean por el control del cinturón, y la Federación Galáctica ha arbitrado en
el tema para terminar con el conflicto haciendo que ambas razas, humanoides y
caballos, reconozcan que cada individuo de cada raza puede reclamar, en vida,
un asteroide y solo un asteroide.
- Sí, señor.
Recuerdo haberlo leído en la Historia Galáctica.
- Excelente.
Aquí viene el problema. Hemos recibido una queja de los humanoides alegando que
los caballos han roto el tratado, reclamando asteroides bajo el nombre de
caballos falsos para hacerse con más asteroides que ellos.
»Pues bien,
estas son sus órdenes: aterrizar en el planeta de los caballos. Use como
identidad falsa la de un comerciante; no sospecharán, pues allí existen ya
muchos. Son amistosos y no tendrá problema. Será bien recibido si se presenta
como comerciante terrestre. Su misión será comprobar si es cierta o no la
aseveración de los humanoides sobre la violación por parte de los caballos del
tratado y averiguar si estos últimos han exigido más asteroides que los que
justifique su número.
- Sí, señor.
- Infórmeme en
cuanto haya cumplido su misión y abandonado el planeta. - La pantalla se quedó
en blanco. Garn Roberts consultó guías y mapas, reajustó el control automático
y volvió a la hamaca para seguir durmiendo.
Una semana más
tarde, cuando hubo cumplido su misión y estaba ya a salvo a diez años luz del
sistema de Novra, envió una señal al ayudante especial del Presidente de la
Federación Galáctica; pocos minutos después, la cara de Daunen Brand aparecía
en la pantalla del Telecom.
- K-1356
informando acerca de la situación en Novra, señor - empezó Garn Roberts -. He
podido echar un vistazo al censo de los caballos; su número no sobrepasa los
dos millones de ejemplares. A continuación, estudié las reclamaciones de los
caballos sobre los asteroides. Tienen peticiones para más de cuatro millones.
Lo obvio es que los humanoides tienen razón y los caballos han violado el
tratado. Así que, ¿cómo iba a haber más asteroides de caballos que caballos?
FIN
Enviado por Paul
Atreides
bravenet.com